No hace ni un mes que analizaba el impacto de la llegada de Quique Sánchez Flores al Atlético de Madrid. Hablaba de que los colchoneros habían remontado el vuelo con el nuevo entrenador. En el Atlético hay tanta agitación que parece que no pasó un mes, sino un año. Tras cuatro partidos de Liga y otros cuatro de Copa es momento de aventurar lo que puede ser para ellos el final de esta temporada complicada y llena de altibajos. Dejaremos para más adelante los dieciseisavos de la Europa League de la próxima semana.

Desde que escribí el anterior artículo, el Atlético ha perdido una posición en la tabla (12º) y parece que se ha frenado su remontada. Se acabó el efecto Quique en la Liga, donde el equipo se hundió cada domingo (solo una victoria en cuatro partidos) dejando muy mala imagen ante Getafe, Málaga y Racing. Semana tras semana se agarraron a la Copa del Rey como si de una tabla de salvación se tratara: en el último mes han eliminado a Recreativo, Celta y van camino de hacer lo propio con el Racing (el jueves se juega la vuelta de las semifinales en Santander). Viene siendo sorprendente ver al mismo equipo ganar con comodidad -a veces incluso por goleada- los miércoles y verlo sufrir los fines de semana. Una transformación así no la recuerdo en ningún otro equipo. Pero con el Atlético de Madrid todo es posible.